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Viajes a Sfax

 

El sur de Túnez acoge a uno de los puntos de mayor productividad para su economía. Se trata de Sfax, una ciudad portuaria situada a 270 kilómetros de la capital. Esta ciudad, fundada hacia el año 849 antes de Cristo, constituye el puerto de mayor actividad comercial y significa un pilar fundamental en la producción agrícola. Además de contar con una gran producción de aceite de oliva, la industria ganadera y pesquera aportan por su parte grandes dividendos económicos.

Aunque es la segunda ciudad de Túnez por su medio millón de habitantes, la población de Sfax no representa una grande y verdadera atracción para el turismo de masas, pero de igual manera ofrece lugares interesantes que realmente merece la pena visitar. La infraestructura hotelera y los restaurantes funcionan principalmente para alojar a hombres de negocios del país, lo que significa que existe una gran oferta aprovechable por viajeros inteligentes.

Increíblemente, Sfax es quizás el mejor lugar de Túnez para comprar genuinos recuerdos de viaje. Las principales atracciones de la ciudad incluyen la Plaza Central, la Bahía y el casco antiguo, en el que existen muchas tiendas para hacer buenas compras. No obstante, la Bahía es donde hay mayor cantidad de movimiento.

Un buen dato a la hora de visitar Sfax, es tomar el ferry hacia las Islas Kerkennah, que se encuentran a sólo 20 kilómetros de la costa de Sfax. Estas islas, fueron en su momento el lugar de exilio de Aníbal el Cartago. Su clima es perfectamente aprovechable para un buen día en una playa desolada y para pasar la noche en cualquiera de los muy buenos hoteles con que cuenta este bonito tesoro tunecino.

Volviendo a Sfax, el edificio del Ayuntamiento, es una construcción clásica de la arquitectura islámica y se encuentra muy bien ubicado en el centro de la ciudad. Así mismo, un lugar muy interesante para visitar es el Djem, una construcción de los tiempos romanos que se asemeja al coliseo, especialmente por el uso que se le daba en aquel tiempo. Este lugar, construido hacia principios del siglo XIII, podía albergar a unas 30 mil personas y sirvió de refugio para importantes personajes históricos como la Reina Berber.

Para comer, es imposible dejar de probar el Couscous, el plato nacional de Túnez. Los mercados lo venden por doquier y su preparación puede ser realmente variada. A base de pescado, pollo, hierbas y acompañado de vegetales y puré de patata, muy picante. Con todo esto, el potencial turístico de este tesoro tunecino escondido es indudable, especialmente para aquellos que quieren vivir una experiencia islámica de grandes dimensiones y expectativas.

 

 

 

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