Un clima único y privilegiado, una vegetación
de contrastes, de exuberantes jardines y de
desiertos abrasadores, y unas playas paradisíacas
de arena blanca hacen de Hammamet una ciudad
de visita obligada para los viajeros más
curiosos.
Hammamet, en árabe, significa “los
baños” y, hoy por hoy, es una de
las ciudades balnearias más famosas de
la costa norteafricana. Esta ciudad ofrece al
visitante varios centros de talasoterapia que
disponen de una amplia variedad de tratamientos.
La ciudad de Hammamet es uno de los centros
vacacionales más importantes del país
y su puerto, ubicado sobre la costa sur de la
península, tiene su fin en el cabo Bon.
Su antigua muralla y su arquitectura de estilo
árabe han convertido a esta ciudad en
un hermoso paraje que atrae, año tras
año, a visitantes provenientes de todos
los lugares del mundo. En el casco antiguo de
Hammamet, el viajero podrá contemplar
su poética medina rodeada de murallas
doradas y jardines emblemáticos, y podrá
visitar el zoco, donde podrá realizar
sus compras a la vez que desarrolla el ancestral
arte del regateo.
Este zoco está rodeado por un Fuerte
Español que data del siglo XV. Tampoco
debe dejar escapar la oportunidad de visitar
la Gran Mezquita y un museo que alberga una
gran colección de trajes tradicionales
del país. Camine por las calles de Hammamet
y déjese embaucar por la belleza arquitectónica
de sus casas, cuya particularidad es el colorido
de sus puertas. Yasmine Hammamet es una zona
de la ciudad donde se halla un parque dedicado,
únicamente, al tiempo de ocio. Allí,
la historia, la leyenda, la diversión
y el ocio van de la mano. Este parque, denominado
Carthageland, está dedicado, en especial,
al turismo de familia.
El ambiente de ensueño de Hammamet permite
al viajero amenizar su estancia con ilimitadas
posibilidades de ocio, como por ejemplo practicar
buceo en aguas cristalinas, recorrer sus alrededores
montado a caballo, adentrarse en las cafeterías
populares, donde podrá probar la xixa,
una especie de cachimba en la que se puede fumar
tabaco con aroma de frutas acompañada
por un té con piñones o con menta,
degustar la gastronomía tunecina en sus
numerosos restaurantes típicos y, por
qué no, disfrutar de la noche de Hammamet
en alguno de sus clubes nocturnos.
Para llegar a Hammamet desde la capital del
país, el viajero cuenta con diversas
opciones. La primera, y la más sencilla
es mediante un taxi normal o un taxi colectivo,
que admite hasta seis personas. Es recomendable
pactar previamente el viaje con el conductor,
aunque generalmente cuesta alrededor de los
tres euros. Otra de las posibilidades es el
autobús, el medio de transporte por excelencia
de este país y el más barato.
Sin embargo, el viajero no debe confiar en los
horarios establecidos, ya que rara vez se cumplen
con puntualidad.