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Viajes a Cártago

 

Cartago es la ciudad de Túnez más especial en cuanto a la historia. Impresionantes batallas se llevaron a cabo en sus tierras en tiempos remotos, cuando la civilización todavía se estaba dibujando. Bajo el implacable sol africano, la tierra sigue siendo hoy en día un lugar apasionante donde las vistas nos remontan a la nostalgia de aquella historia de espadas y escudos, que fue tan determinante para el nacimiento de nuestra civilización. Entre espectaculares ruinas, Cartago se ofrece a un turismo distinto, de esos que podríamos denominar ciudades-museos únicas en el mundo y de un gran valor arqueológico.

En Cartago se libraron las famosas guerras púnicas hace ya más de 2000 años. Romanos y púnicos se enfrentaron durante 120 años perpetuando quizá el odio más grande que jamás se haya visto en la raza humana. Cartago, por aquella época, era el puerto y la ciudad más importante del mundo, incluso más que Roma. Desde el principio los púnicos se hicieron con el control del comercio marítimo, entendiendo estratégicamente que el planeta se regía por esas acuosas vías. De esta forma crearon la ciudad-puerto más esplendorosa que se haya concebido jamás, con diseños arquitectónicos que hasta hoy en día son estudiados por las eminencias más importantes en la materia.

El visitante podrá ver hoy en día, en varios puntos que abarca la región, un gran número de ruinas de lo que fue aquella ciudad antigua. Sobre todo se han encontrado las ruinas de la ciudad construida por los romanos luego de la devastación de la antigua Cartago. Un gran istmo que ofrece impresionantes vistas entremezclado con el diseño de una ciudad de casas blancas y bajas con una intensa actividad durante todo el día, Cartago es sin dudas un destino a visitar.

Las callejuelas estrechas de la ciudad se mezclan con los sabores y olores de especias que se disponen en innumerables mercados y zocos. Un mundo de vendedores ambulantes completan el circuito del comercio, rememorando el pasado glorioso de la ciudad. El puerto y la costa invitan a paseos inolvidables, sobre todo al atardecer, que es la hora suprema en esas latitudes: el sol, de enormes dimensiones visuales, va cayendo rápidamente, tiñendo de hermosos colores la costas y los diferentes puestos de comida al paso.

Las pequeñas terrazas donde se toman ricos cafés y tés, ofrecen quizá las mejores vistas del mar y la costa. Allí es un lugar recomendado para salirse del estrés de los mercados de artesanos y ropa típica. Desde lo alto de una terraza la vista de toda la ciudad es sin dudas un paisaje extraño y único, donde los colores de oriente se empiezan a vislumbrar con nitidez, ofreciendo la única atracción que perdura desde las épocas de las guerras púnicas.

 

 

 

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