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Historia de Túnez

 

Túnez, un paraíso en pleno corazón del Magreb, alberga en su interior infinidad de encantos y contrastes que encandilarán a los viajeros más curiosos. Las arenas de sus playas turísticas y las dunas de sus desiertos bereberes están impregnadas del perfume de la historia tunecina. Por Túnez han pasado cartaginenses, romanos, griegos, fenicios y árabes.

Fueron los fenicios los primeros en poblar la costa norteafricana alrededor del año 1000 A. C., para construir sus puertos que, en un futuro, les facilitarían una de sus rutas mercantes más transitadas que partía desde el Mediterráneo oriental hasta el litoral atlántico. Hacia el siglo VII ad.C., Cartago ya era considerada una potencia cuyo control se extendía desde el litoral septentrional hasta la costa atlántica de lo que, actualmente, conocemos como Marruecos.

El reino cartaginés prefirió explotar el interior del país, especialmente la península del cabo Bon, famosa por sus tierras fértiles, a la vez que intentó mantener las rutas comerciales establecidas por los fenicios. El imperio griego también desembarcó en las costas norteafricanas sembrando miseria y destrucción a su paso hasta que, años más tarde, el ejército cartaginés le derrotó. Sin embargo, medio siglo después, reino de Cartago perdió su renombre y la estela de potencia se perdía en la infinidad. A pesar de esto, muchos romanos tenían la convicción que mientras Cartago siguiera existiendo, su amenaza seguiría estando latente.

Así se gestó la Tercera Guerra Púnica, en la que el ejército romanó se aposentó en Utica. Los enfrentamientos fueron continuos hasta el año 146 adC, cuando Cartago fue derrotada y sometida a las órdenes de un gobernador romano que, después de un siglo de mandato, decidió instalar un cónsul en la nueva colonia. Después de siglos de imperialismo romano, los musulmanes árabes decidieron invadir el país. Sin embargo, Túnez fue uno de los países que albergó mayor resistencia al avance árabe y logró su independencia a manos de la dinastía berebere de los haféssidas. Pero no debemos olvidar a los corsarios turcos, grandes piratas que surcaban los mares en busca de puertos marítimos para abordar. Uno de ellos, de hecho, el más famoso, Barbarroja, se instaló en Túnez, de tal forma que el litoral argentino quedó bajo el mando de los sultanes otomanos. En cambio, el interior del país continuó su rumbo, a manos de las tribus bereberes.

Siglos más tarde, en una Europa con sed colonialista, un ejército de miles de soldados franceses entraron al país y lo arrasaron mientras los ingleses hacían lo propio con el país vecino, Egipto.

Pese a que Túnez ha sido durante muchos siglos un sangriento campo de batalla que ha dejado muertes y miseria a su paso, hoy en día es uno de los destinos más placenteros para el viajero más curioso.

 

 

 

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