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Cruceros en Túnez

 

Arropado al oeste por Argelia y al sudeste por Libia se encuentra Túnez. Este país, separado de Sicilia por 140 kilómetros de cuenca mediterránea, tiene una extensión de 162.155 km2. En este terreno se incluyen también dos islas: Kerkennah y Djerba, sumando en total 1300 kilómetros de costa. Esta fachada marítima, a través de la cual se realiza el 96% de su comercio, cuenta con importantes puertos, como Rades, La Goulette, Bizerta, Sousse, Gabes, Sfax y Zarzis.

Bizerta es la ciudad portuaria más grande del norte de Túnez. A unos 65 kilómetros de la capital, frente al estrecho de Sicilia, cuenta con playas aceptables próximas al centro urbano, pero su encanto está en la zona antigua, el barrio del viejo puerto. Las macizas murallas de la alzaba la convierten en la estructura más imponente del casco antiguo. Bizerta fue fundada en torno al siglo XI a.C. por los fenicios y, tras la caída del Imperio Romano del que formó parte, los bizantinos se encargaron de construir el recinto fortificado en el siglo VI d.C. La alcazaba actual la levantaron los otomanos, después de arrebatar el territorio a los españoles en 1573. Hoy en día, el edificio es sede del Museo Oceanográfico.

Esta sucesión de culturas, incluyendo la alemana, se dio también en Gabes. Una de las ciudades industriales más grandes de Túnez, situada en el golfo del mismo nombre. Las fábricas no son, evidentemente, lo más atractivo de esta localidad. Su arma de seducción está en las playas mediterráneas y los oasis en el desierto: las mejores combinaciones de arena y agua.

Frente al golfo de Gabes nos encontramos con la isla de Djerba. Aún siendo conocida como “la isla de las cien mezquitas”, da cobijo a la sinagoga La Ghariba, la más importante de todo África, que alberga una comunidad judía descendiente de exiliados. Playas de arenas blancas y finas, escondidas entre palmeras, convierten a este trocito de tierra en una isla exótica, donde descansar es todo un placer.

Dos de los típicos placeres tunecinos son fumar en chicha o pipa de agua con tabaco aromático y beber té a la menta o con piñones. El té más famoso es el que se toma en una localidad a una media hora de la capital y en lo alto de un acantilado: Sidi Bou Said. Famosos artistas como Simone de Beauvoir o Jean Paul Sartre eran asiduos del café des Nattes, el local con más encanto de este pequeño pueblo pintado enteramente de azul y blanco. En Sidi Bou Said la gente acomodada y los bohemios pasan el verano huyendo del sofocante calor de la ciudad. El lujo son las vistas y la tranquilidad que se respira.

 

 

 

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